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Entre Cepal y el neoliberalismo

Escrito por todoeducacionsuperior 07-03-2018 en modelo económico. Comentarios (0)

Planificación económica en torno al crecimiento: entre la Cepal y el neoliberalismo.

JImmy Aguirre Morales

Las guerras mundiales (1914 – 1945) comprometieron a las economías más importantes del mundo en aquel momento (Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Italia, Japón y Francia). La consecuencia más importante de estas guerras, para las economías subdesarrolladas de los países latinoamericanos, es que estas economías desarrolladas no pudieron abastecer por muchos años, mediante el comercio regular, de las manufacturas a la que las poblaciones latinoamericanas estaban acostumbradas a consumir. Este escenario de escases le dio una oportunidad a las políticas desarrollistas de Brasil, Argentina y México, que buscaron suplir la importación de estas manufacturas, con la consiguiente pérdida de divisas, mediante la promoción de una industria nacional por parte del Estado, mediante el fácil acceso al crédito y a las divisas necesarias para la importación de insumos.

Desde otro punto de vista, la economía centralizada y planificada de la Unión Soviética deslumbró a los estadistas latinoamericanos y a sus intelectuales, principalmente a los de izquierda. El proceso de acelerada industrialización que atravesó el gigante comunista soviético desde la década del treinta del siglo pasado aparecía, para un país subdesarrollado y escaso de recursos, como lo eran todos los países latinoamericanos de aquel momento, como ejemplo a tomar en cuenta para dejar atrás definitivamente una economía exclusivamente agrícola (como las de Argentina y Brasil) o basada en la simple exportación de metales (como Perú y Chile). La planificación económica de estilo marxista, en donde es Estado ocupaba el papel que antaño la iniciativa privada había desempeñado en el proceso industrializador, aparecía como la panacea a los problemas propios de economías sin una industria importante y completamente dependientes de la importación de manufacturas.

Por otra parte, la Gran Depresión económica de los años treinta, que tuvo su epicentro financiero en el «Crac» de la Bolsa de valores de Nueva York, Estados Unidos, en 1929, afecto significativamente la confianza de los estadistas, los intelectuales y las poblaciones latinoamericanas en los beneficios de una economía de libre mercado de estilo occidental. La Gran Depresión aparecía, a los ojos de muchos, como la confirmación de la crisis final del capitalismo occidental que desde hacía décadas habían profetizado Karl Marx y sus seguidores (ya sean socialistas o comunistas). El capitalismo fue percibido, en aquella coyuntura de profunda crisis económica, como un sistema de producción basado en la simple especulación financiera que daba como resultado la acumulación egoísta de dinero por parte de un privado.

La Gran Depresión afecto a toda Latinoamérica por igual, pues afecto su comercio regular de materias primas, trayendo consigo el incremento del costo de vida y del desempleo, con el consiguiente reavivamiento de las convulsiones sociales, ya de por si siempre importantes en esta parte del mundo, y la caída de muchos gobiernos, entre oligárquicos y de facto.

No es exagerado afirmar que, desde el final de la Primera Guerra Mundial, las economías de libre mercado y sus defensores ideológicos se encontraban a la defensiva, en tanto que las economías planificadas y centralizadas, de alguna u otra manera, y sus defensores ideológicos, encontraron un escenario propicio para la difusión y materialización de sus ideas, y estuvieron expandiéndose a costa de los primeros.

II

Tras la Segunda guerra mundial, la ONU (Organización de las Naciones Unidas), creo distintas comisiones económicas regionales para investigar y asesorar a los distintos gobiernos de Latinoamérica, África y Asia en sus políticas económicas. Así, en 1948, nace la CEPAL (Comisión Económica para América Latina).

Sin duda alguna, el que marcaría con su pensamiento a la CEPAL durante las próximas décadas seria el economista argentino Raúl Prebisch, elegido en 1950 su secretario ejecutivo. Ya desde la década de 1940, Prebisch había elaborado una explicación al desarrollo económico de los países del hemisferio norte y el subdesarrollo que caracterizaba  a los países del hemisferio sur: la «Teoría de la dependencia». Según Prebisch, los países industrializados lo son porque se abastecen de las materias primas extraídas mediante el uso y abuso de una mano de obra baratísima que abunda en los países subdesarrollados y, además, porque sus exiguos mercados internos son copados por las manufacturas que los países desarrollados les venden. En otras palabras; los países ricos son ricos porque nosotros somos pobres. La riqueza que ellos –los países industrializados- disfrutan es la riqueza de la que se nos despoja –a nosotros, los países subdesarrollados-. Por esta razón, los países desarrollados buscan perpetuar este estado de cosas, ya sea mediante su influencia o por el simple expediente de la intervención militar. En palabras de Solorza y Cetré:

«La teoría de la dependencia representó un esfuerzo crítico para comprender las limitaciones de un desarrollo iniciado en un periodo histórico en que la economía mundial estaba constituida bajo la hegemonía de enormes grupos económicos y poderosas fuerzas imperialistas, en donde la dependencia se expresaba claramente como la situación en la que un cierto grupo de países tenía su economía condicionada por el desarrollo y la expansión de otra economía a la que estaba sometida.» (2011 : 127)

La «Teoría de la dependencia» estaba claramente basada en los postulados teóricos de Karl Marx, solo que en vez de clases sociales se hablaba de un «centro» industrializado (los países del hemisferio norte, que en el esquema teórico dependentista reemplazaba a la «burguesía» explotadora) y de una «periferia» subdesarrollada (los países del hemisferio sur, que en el esquema teórico dependentista reemplazaba al «proletariado» explotado). Entendida de esta manera la relación «centro» - «periferia», los países del «centro» extraerían la plusvalía de los países de la «periferia» mediante un intercambio comercial completamente inequitativo: la manufactura por la materia prima.

Así, la «Teoría de la dependencia» fue la base sobre la que se construyó la «Industrialización por sustitución de importaciones», mejor conocida como ISI, que fue el modelo económico que recomendó la CEPAL y que implementaron, por su recomendación directa, los países latinoamericanos después de la Segunda guerra mundial. Como anotan acertadamente Jiménez, Aguilar y Kapsoli:

«En los años 50, en plena crisis del modelo primario-exportador, se desarrolla un consenso a partir del pensamiento de la CEPAL, institución de las Naciones Unidas creada en 1949 y que prestó asesoramiento a los gobiernos de la región durante aproximadamente tres décadas. Según este consenso, el modelo primario exportador, prohijado bajo el esquema del libre mercado, no podía resolver los desajustes estructurales básicos de nuestras economías, porque era incapaz no sólo de generar un adecuado aprovechamiento de sus recursos, sino también de producir una asignación de los mismos que asegure el crecimiento sostenido y un desarrollo socialmente aceptable.» (1998 : 5)

La Industrialización por sustitución de importaciones suponía que el Estado reservaría el mercado interno, en este caso el mercado interno de los países latinoamericanos, a la industria local, que aparecería por ensalmo debido a que el Estado facilitaría a los empresarios que apostaran decididamente por ella, además de una fuerte protección arancelaria, exoneraciones tributarias, créditos blandos y divisas baratas. Como las divisas –dólares americanos- serian canalizados hacia las necesidades de la naciente industria nacional, sería necesario que el Estado monopolizara su cambio en moneda nacional, subsidiándolas para hacerlas asequibles al empresario local, debido a que si los dólares se cotizaban a precio de mercado, la industria nacional se vería imposibilitada de competir con las industrias extranjeras, ya maduras, debido a que las nuevas industrias, surgidas de la ISI, todavía no estarían en condiciones de cubrir sus costos de producción o siquiera generar rentabilidad. En un mediano plazo se esperaba que las industrias nacidas de la ISI estuvieran en capacidad de exportar a los países vecinos, con lo cual serían autosuficientes en cuanto a las divisas necesarias para la importación de sus insumos y maquinas – herramientas, indispensable para su correcto desempeño.

III

La crisis económica posterior al fin de la guerra de Corea (1950 – 1953) trajo como consecuencia una fuerte contracción económica, justo en momentos en que las regiones  andinas del Perú enviaban a Lima a miles de migrantes, que literalmente cercaban la capital de la Republica con míseros barrios. Así fueron apareciendo Comas, Independencia y San Martin de Porres, entre otros nuevos distritos. El modelo primario exportador, que significo el auge económico en el gobierno del general Manuel Odría (1948 – 1956), entro en serio cuestionamiento por la clase política y la intelectualidad durante el gobierno siguiente, el de Manuel Prado (1956 – 1962), pues no generaría los empleos y el desarrollo que los migrantes exigirían. Esta «urbanización sin industrialización» se sumaba a las invasiones de tierras que ocurrían en la sierra y que ponían en jaque al Estado y a las clases dominantes.Fruto de estas circunstancias fue la dación de la «Ley de promoción industrial» de 1959, que recogía las recomendaciones de la CEPAL y que buscaba implementar la ISI en el Perú.

Sin embargo, no fue Prado sino el primer gobierno del presidente Fernando Belaunde Terry (1963 – 1968) quien implemento la «Ley de promoción industrial». En palabras de Fernández – Baca y Astorne)

«Hasta fines de la década del cincuenta, el Perú se había caracterizado por mantener una de las posiciones más ortodoxas de Latinoamérica. La aplicación de una relativa disciplina fiscal le había permitido mantener uno de los niveles de precios más estables de la región, y, por ende, defender el tipo de cambio fijo y mantener el endeudamiento externo dentro de límites razonables. Por otro lado, el Estado se había mantenido prácticamente al margen de la actividad económica propiamente dicha, ya que existían escasas empresas públicas. A inicios de los sesenta, con el primer gobierno de Belaunde, se implementaron por primera vez políticas de influencia cepalina, mediante las cuales empezó a cobrar más importancia la participación del Estado. Se amplió el aparato estatal, se crearon nuevas empresas públicas que respondían a un espíritu regionalista y se fue perdiendo la disciplina fiscal más allá de los límites que ninguno de los gobiernos anteriores había transgredido.» (2006 : 6)

El implemento de las políticas ISI de Belaunde tuvo resultado una balanza comercial desfavorable –desde 1963 las importaciones eran mayores que las exportaciones- por lo que la necesidad de dólares fue cada vez más urgente, cubriéndose el agujero mediante el fácil expediente del endeudamiento externo, hasta que la demanda de dólares rebaso la capacidad del Estado peruano para satisfacerla y el gobierno tuvo que devaluar la moneda para frenar el consumo interno y promover las exportaciones. Fue el origen de la gran devaluación de 1967. Los hechos políticos posteriores, como el golpe del Estado del general Juan Velasco Alvarado del 2 de octubre de 1968, en parte se explican por el enorme descredito de Belaunde como consecuencia de la devaluación de 1967.

Con el golpe de Estado del 2 de octubre de 1968 se inicia el «Gobierno revolucionario de las Fuerzas Armadas», que derribó el gobierno de Fernando Belaunde Terry, se inicia una radical reestructuración del Estado peruano, la más radical del siglo XX, protagonizado por militares desarrollistas, y a la cabeza de ellos el general Juan Velasco Alvarado. Estos militares estaban convencidos de la necesidad estratégica de implementar la ISI, y culpaban de su fracaso a los civiles, acusándolos de mostrar incapacidad  y tibieza a la hora de implementar las reforman que a su juicio resultaban impostergables si se quería diversificar las exportaciones vía la ISI.

Para ampliar significativamente los mercados internos para los productos peruanos, había que dar a los campesinos sin tierra, los más pobres, la capacidad económica para comprar, lo cual resultaba imposible debido a las relaciones de servidumbre subsistentes hasta esa fecha. Esa fue la razón esgrimida para la dación de la Ley de Reforma Agraria de 1969, por la cual se expropiaban las tierras de las haciendas azucareras de la costa (en verdad complejos azucareros), y junto con ellas, las de las haciendas de la sierra, en manos de los gamonales.

Para surtir de materia prima e insumos baratos a las nuevas industrias ISI, y para acabar de raíz con las relaciones de dependencia con los países del hemisferio norte, y principalmente con los Estados Unidos, los militares procedieron a expropiar cuanta industria se encontraba en manos de los privados, ya sea nacionales o extranjeros. Electricidad, comunicaciones, minas, refinerías, en unos pocos años sectores enteros de la economía peruana paso a propiedad del Estado mediante las llamadas «nacionalizaciones». Para administrar las empresas expropiadas, fueron apareciendo empresas públicas tales como PETROPERU, ELECTROPERU, MINERO PERÚ, CENTROMIN PERÚ, ENAFER PERÚ, ENTEL PERÚ, PESCA PERÚ y demás. Sin duda, la expropiación más significativa ocurrió el 9 de octubre de 1968, fecha en la que se procedió a la ocupación militar de los yacimientos de petróleo y la refinería de Talara, propiedad de la International Petroleum Company. En palabras de Augusto Alvares Rodrich:

«En este sentido, entre 1968 y 1975 se ejecutó una estrategia orientada a reformular la relación entre los sectores público y privado, de manera que el Estado expandiera notoriamente su campo de acción para convertirse en el principal agente para la promoción y conducción del proceso económico. La función del Estado ya no se limitaría a la prestación de algunos servicios esenciales y la provisión de la infraestructura básica, sino que incluiría una decisiva participación directa en la propiedad de los sectores vinculados a la explotación de recursos naturales - petróleo, minería, pesca -, industria básica - aceros, metales no ferrosos, química, fertilizantes, cemento, papel-, servicios públicos, finanzas y la comercialización de los principales productos de exportación e internamente de los productos agropecuarios. Asimismo, la inversión pública actuaría como el instrumento orientador de la economía con miras a acelerar su crecimiento, todo lo cual estuvo acompañado de un voluminoso cuerpo legal para normar la conducta del sector privado.» (1995 : 73)

Pero los problemas que se presentaron durante el gobierno de Belaunde volvieron a presentarse en el gobierno de Velasco, pero agravados. El déficit fiscal paso de -1.7  en 1968 a -10.4 en 1975. Las pérdidas de las empresas públicas pasaron de 46 millones de dólares en 1968 a 1,371 millones en 1975. La deuda pública paso de 15.3 del PBI en 1968 a 25.9 en 1975. La inflación paso de 9.8 en 1968 a 24.0 en 1975.

Por otra parte, la «nacionalización» de la IPC y el establecimiento de relaciones diplomáticas con los países del bloque comunista trajeron consigo un enfriamiento de las relaciones con los Estados Unidos, entonces como ahora nuestro principal socio comercial. Esta empeoro aún más cuando Velasco comenzó a comprar grandes cantidades de armas a la Unión Soviética, en una irresponsable carrera armamentista con Chile financiada con deuda. Si a ello se suma incidentes como  «La guerra del atún» o la expulsión de los «Cuerpos de paz» del Perú, el escenario estaba servido para una catástrofe.

Ésta, como siempre sucede, llego desde afuera. La Crisis del petróleo de 1974 multiplicó el precio del crudo que el Perú importaba y que luego el Gobierno subsidiaba generosamente, ya sea para promover la ISI o para ganar legitimidad entre la población. La Crisis del Petróleo se sumó a todos los desbarajustes económicos del Gobierno militar, con lo cual el Estado peruano se encontró sin crédito externo para surtirse de dólares ni reservas suficientes con los cuales financiar sus importaciones. La gran devaluación de 1974 fue la consecuencia largamente postergada de una política económica netamente irresponsable.

Paralelamente, la vida del general Velasco se extinguía, tal como la «Revolución peruana» que él dirigió. En 1973 «el Chino» (que así era llamado popularmente) fue sometido a dos intervenciones quirúrgicas, y luego se le tuvo que amputar una pierna. El «Limazo» del 5 de febrero de 1975, una asonada popular que termino con la implantación de un estado de sitio y un saldo de 300 muertos, significo el final de su gobierno, aunque el recambio se hizo esperar. En agosto de ese año asumió la presidencia de la Republica el general Francisco Morales Bermúdez.

IV

El gobierno del general Morales Bermúdez (1975 – 1980) se caracterizó por resolver, con cierto éxito, los serios problemas de deuda externa y baja de las exportaciones que afectaban al Perú de esos años, ambas funestas herencias de Velasco. Morales Bermúdez logró una renegociación de la deuda externa con el FMI en 1978, y para equilibrar la balanza comercial, que era francamente desfavorable, devaluó la moneda, lo que disminuyo la capacidad de compra de los peruanos. Estas medidas coincidieron con un aumento de la demanda de nuestras exportaciones, lo que permitió que el Banco Central de Reserva hiciera honor a su nombre. Pero el costo social fue terrible. Para calmar a la calle, que mostró su enorme disgusto frente al ajustón económico con el paro general del 19 de junio de 1977, Morales Bermúdez no tuvo otra opción que convocar a una asamblea constituyente para 1978 y a elecciones generales en 1980, en las que nuevamente fue elegido Fernando Belaunde Terry.

El segundo belaundismo (1980 – 1985) restauró las libertades fundamentales, devolvió los medios de prensa a sus legítimos dueños y liberalizo con timidez los aranceles y las leyes laborales, pero se encontró con un frente externo complicado. Nuestras exportaciones y sus precios fueron a las baja por la poca demanda, y para colmo, la crisis de la deuda de México en 1982 elevo los intereses de los préstamos, de los que Belaunde era adicto y cuyos sumas lo destinaba a tapar el enorme agujero fiscal y a financiar sus faraónicas obras, como la irrigación de Majes. Por otra parte, la violencia homicida de Sendero Luminoso comenzó a remecer los Andes, con la destrucción sinsentido de infraestructura productiva vital, tal como las torres de alta tensión y, además, a todo ello hay que sumar los efectos del Fenómeno del Niño de 1983, que destruyó los departamentos de Piura y Tumbes. Resumiendo lo que fue el segundo belaundismo en materia económica, Carol Wise anota que:

«Al igual que durante el período militar, la totalidad de gastos en proyectos básicamente cobró vida propia. Asimismo, ya que usualmente se considera que el Perú estaba en el campo "neo liberal del Cono Sur" durante este período, es importante señalar que hacia 1982, el gasto del sector público en términos reales fue más elevado que nunca. Lo mismo sucedió con los costos del financiamiento internacional. Belaúnde solicitó, préstamos como si no existiera un mañana, aparentemente sin recordar el hecho de que los costos del financiamiento externo habían pasado a ser exorbitantes. En 1984, el total de la deuda peruana era de alrededor del 85% del PBI, a comparación del promedio de 54% en Latinoamérica.»

«Entonces la herencia de casi veinte años de una expansión estatal basada en el endeudamiento no constituye ni el modelo capitalista del Estado finamente sincronizado que intentó lograr el régimen de Velasco, ni el de un Estado desarrollista efectivo que promoviese la inversión privada y las ventajas comparativas del Perú en los mercados internacionales. Es, en cambio, una combinación demasiado extendida de ministerios y proyectos, e inundada por una crisis fiscal crónica y por crecientes niveles de corrupción. En apenas cinco años, Belaúnde vio pasar cuatro ministros de economía, y dejó un déficit presupuestal del sector público de alrededor del 8% del PBI.» (1986 : 23 – 24)

En palabras de Carlos Reyna:

«Sólo consideremos algunos indicadores para el período que va entre 1979 y 1984. El producto por habitante había caído 11%. La inversión por habitante estaba en 27% menos. Los salarios reales del sector privado eran 16,6% menores que en 1979, y los del sector público 41% menores que en 1981. En 1984 los ingresos de los campesinos eran 12,5% menores que en 1979. La inflación anual fue de 61% en 1979 y de 111,5% en 1984. En fin, pueden añadirse cifras sobre empleo y desempleo, y sobre desigualdad en el ingreso. El hecho es que en la mayoría de estos indicadores el deterioro era muy fuerte y el descenso venía desde 1975.»

V

El segundo intento de revitalizar el ISI en el Perú tuvo nombre propio: primer gobierno de Alan García Pérez (1985 – 1990). Para reactivar la capacidad industrial nacional ISI, ociosa a causa de la recesión económica que la asfixiaba por la escasez de dólares y la inflación, el gobierno de García optó por políticas de expansión económica sin promover la inversión nacional ni extranjera, cuidar del equilibrio fiscal o las buenas relaciones con los organismos financieros internacionales, en la más pura tradición populista latinoamericana. García elevó los salarios y luego los fijo, junto con los precios, por ley. El aumento de los salarios se destinaba a elevar el nivel de vida de los trabajadores, que desde hacía 10 años no había hecho más que descender, y principalmente para estimular la producción mediante el aumento del consumo. Para contrarrestar los efectos del aumento de los salarios en los costos de producción, los costos financieros del sector empresarial fueron cortados por la intervención del Estado con el fin de controlar los tipos de interés.

Como el aumento de la producción y el consumo harían imprescindible un buen colchón de dólares, ello para financiar las importaciones, que se dispararían, García decidió que el Perú solo pagaría, por concepto de deuda externa, solo el 10% del valor de nuestras exportaciones. García esperaba que otros países latinoamericanos, en similar situación económica, se sumaran a la posición del Perú para renegociar el problema de la deuda con el FMI en mejores condiciones económicas. En palabras de Efraín Gonzales de Olarte:

«La política económica (de García) se diseñó en función del crecimiento del consumo y la redistribución, sin aplicar medidas complementarias que posibilitaran la expansión, manteniendo el equilibrio fiscal y externo. Durante los dos primeros años del gobierno aprista el crecimiento del PBI fue superior al 20%, crecimiento que se atribuye a los estímulos al consumo a través de instrumentos de política económica de carácter redistributivo. Fue un crecimiento atípico, que no se explicó solamente por las políticas de ingreso, sino también por la disponibilidad de divisas y la utilización de la capacidad productiva ociosa dejada por las políticas recesivas del anterior régimen. En todo caso, hubo crecimiento sin inversión, sin mayores exportaciones legales y sin aumento de la tributación. En 1987 todos parecían haber ganado: empresarios, trabajadores y hasta los olvidados campesinos. Sin embargo, el crecimiento se hizo sin ampliar la capacidad instalada, creando una estructura de precios relativos favorable a la industria nacional y a los ingresos de los trabajadores y desfavorable a las exportaciones. Se fijaron tasas de cambio reales atrasadas y subsidios al consumo, con lo cual se definió también la corta duración de la expansión por demanda, al no darse una expansión de la oferta.» (1991: 34 – 35)

Lo siguiente es historia bien conocida. Agotadas las reservas internacionales, sin inversión privada y sin financiamiento externo, el programa «heterodoxo»  de García se caía solo, y pronto la inflación se disparó. García intento «huir hacia adelante» tratando de estatizar el sistema financiero nacional, pero solo logro polarizar el país como no se había visto desde la década del 30, cuando emergió el APRA y estuvimos la borde de una guerra civil. Aquí es cuando aparece la figura del escritor liberal Mario Vargas Llosa, quien puso en agenda el nefasto papel del Estado en la economía desde la década de los 60 y difundió la idea de retornar a la ortodoxia. García, ya sin ninguna credibilidad entre la población tras su fracasado intento de echarle mano a la banca privada, tuvo que recurrir al clásico expediente de frenar el consumo mediante la devaluación de la moneda: es la época de los «paquetazos». Al término del primer gobierno de García la sociedad peruana estaba completamente sumida en la extrema pobreza, la desnutrición, la informalidad, la violencia política, la hiperinflación, la migración interna hacia Lima y externa hacia el hemisferio norte. Todos los indicadores apuntaban a que el Perú se encontraba en franca descomposición.

VI

En julio de 1990 resultó electo presidente de la Republica Alberto Fujimori Fujimori, un perfecto desconocido en el escenario político peruano, dominado hasta entonces por los partidos de masas, tales como el APRA, la Izquierda Unida, Acción Popular y el Partido Popular Cristiano, y por los caudillajes políticos, tales como el de Alan García Pérez, Alfonso Barrantes Lingán y Luis Bedoya Reyes.  Su elección también reflejaba la agudización de la crisis económica, signada por la hiperinflación, la recesión y el desempleo –secuelas de una ISI que se caía a pedazos-, y que se traducía en la dolarización de la economía, la caída libre de los ingresos y en la profundización de los conflictos sociales, siempre presentes en la historia peruana, de los cuales sacaba partido la organización terrorista Sendero Luminoso, que se preparaba para cercar Lima.

Fujimori, un presidente sin una formación ideológica sólida, con un partido político endeble, formado apenas el año anterior a su elección, y sin un equipo de tecnócratas competentes a su disposición, no tuvo ningún reparo en renegar de aquello que había prometido en campaña y tomar como programa de gobierno aquello que había denunciado como desfavorable a los intereses populares, todo en apenas unos días de instalado en Palacio de Gobierno. Fujimori se apropió del programa de gobierno liberal propagandizado por Mario Vargas Llosa desde 1987. Para implementar este programa, Fujimori buscó el apoyo político de las Fuerzas Armadas (ahora avergonzadas de su triste papel en el «Septenato» de Velasco) y reclutó a los técnicos que habían rondado el Movimiento Libertad y el FREDEMO, los partidos liberales del momento, representantes de los poderes de facto y, por tanto, afiliados ideológicamente a la ortodoxia económica y a la globalización, enemigos acérrimos de la ISI y de toda intervención del Estado en la economía, devotos del libre mercado, del libre comercio, de la iniciativa privada, de la libertad de empresa, de la inversión privada, sea esta nacional o extranjera, y del papel subsidiario del Estado en la economia. 

Visto desde otro ángulo, toda oposición política a las reformas estructurales de corte liberal que Fujimori pretendía implantar se encontraba liquidada a principios de los 90 debido a una amplia combinación de factores, tanto externos como internos, pues estos factores repercutieron tanto en la formación de una opinión publica favorable a las reformas liberales como en el desarme ideológico de los enemigos de tales reformas. Entre las principales encontramos la ofensiva conservadora encabezada por Margaret Thatcher en Inglaterra y por Ronald Reagan en los Estados Unidos, muy influyentes en el mundo desde principios de los años 80, y cuyas recetas monetaristas para hacer frente a la inflación se condensaron en el célebre «Consenso de Washington». Acompañando a este proceso de desprestigio de las ideas estatistas, el lento desplome del Bloque comunista liderado por la Unión Soviética desde 1985, el año de la Perestroika, y su implosión final tras la caída del Muro de Berlín en 1989.

Por otra parte, las sangrientas ofensivas de Sendero Luminoso contra el Estado y la sociedad peruana, dirigidos principalmente contra el movimiento popular, con el objetivo de cooptarlos para su extraviada causa, los termino destruyendo. Este movimiento popular lo constituían organizaciones ideológicamente cercanas a las ideas de izquierda y a las políticas ISI. Para colmo, Sendero Luminoso, un partido que así mismo se hacía llamar marxista, desprestigió, frente a buena parte de la opinión publica peruana, a toda la corriente de pensamiento u organización de izquierda. A decir de Gonzales de Olarte:

«Desde 1979 hasta 1991 el estado peruano se ha achicado y ha cambiado, tanto por causas económicas como políticas. Las razones de estos cambios han seguido la lógica de la crisis, de la democratización, la violencia política y de los estilos de hacer política de manera excluyente. El estado es más débil, ya no articula a los distintos segmentos sociales y regiones. Ante tal situación existen dos propuestas extremas de reforma: una violenta e ilegal, la de Sendero Luminoso, y la de los organismos multilaterales (Banco Mundial, FMI y BID), que el gobierno decidió adoptar, en ausencia de una propuesta nacional democrática propia. El Perú se encuentra entre dos caminos opuestos al extremo, sin una propuesta de reforma de estado al medio.» (1992 : 29)

A todo ello hay que sumarle los nocivos efectos de la hiperinflación, que destruyó el poder adquisitivo del «Inti» en menos de seis años, y con él los ingresos de los peruanos. Esta hiperinflación ocasionó el desprestigio de todos los partidos políticos y de los políticos «tradicionales»  en especial, que cargaron sobre sus espaldas con el pesado lastre de una década de sonados fracasos económicos. Así las cosas, Fujimori no tuvo ningún inconveniente para movilizar a buena parte de la opinión pública peruana, deseosa de acabar con este estado de cosas a cualquier precio, tras su discurso pro-reformas estructurales. Desde las pantallas de televisión, Fujimori arrinconó a los partidos políticos en el Congreso de la Republica. Estos partidos políticos, tales como el APRA, Acción Popular y el Partido Popular Cristiano, habían implementado la ISI o habían apoyado su implementación desde el Congreso en años anteriores. Fue así como el Congreso de la Republica perdió el poco peso político con que hasta entonces contaba para hacer frente a los embates del Poder Ejecutivo. Con una economía corroída por la hiperinflación y con un sistema de partidos que se caía por su propio peso, Fujimori no tuvo más que soplar moderadamente para que todo el edificio de naipes cayera. Así fue como llegamos al autogolpe de Estado del 5 de abril de 1992; que constituyó el reverso económico y político del golpe de Estado del 3 de octubre de 1968, a la convocatoria al Congreso Constituyente Democrático (CCD), dominado por los partidarios ideológicos de las reformas liberales, y a la Constitución de 1993, que las santifica. En palabras de John Crabtree:

«Dada la experiencia de los años anteriores, quedaba totalmente claro que el modelo estatista de desarrollo se había agotado y que se requería un modelo nuevo. Aunque Fujimori coqueteó con algunas ideas heterodoxas, al principio de su administración, rápidamente apreció que no había otra alternativa que un retorno radical a la ortodoxia. La lucha entre el Estado y el mercado se llevó a cabo en los años setenta y ochenta, y el énfasis recaía en un lado o en el otro de acuerdo con las circunstancias políticas. Como se ha podido observar, cuando García llegó al poder en 1985, las condiciones políticas no fueron las apropiadas para la aplicación de una agenda neoliberal. Hacia 1990 quedaba un escaso margen del electorado a favor del estatismo, ya que la experiencia de García lo había puesto al descubierto, mientras que sus partidarios más entusiastas (tales como los sindicatos o los fabricantes locales) estaban bastante debilitados. Además, como argumenta Martín Tanaka en el capítulo XII de este mismo libro, el Estado perdió importancia como arena donde se disputan las demandas populares. Irónicamente, fue entonces la experiencia del gobierno de García la que eliminó los principales obstáculos políticos para la aplicación de una agenda neoliberal; los años noventa fueron testigos de su rápida adopción, sin anestesia, algo inconcebible sólo unos años antes. Aunque Fujimori se dio cuenta de lo que tenía que hacer -fue un caso clásico de ‘no hay otra alternativa’-, la situación que heredó lo hizo posible políticamente, ya que los obstáculos a su implementación habían desaparecido en gran medida.»(2000 : 56 – 57)

Visto desde la perspectiva de Alberto Pasco y Jaime Saavedra:

«Las políticas de estabilización aplicadas a partir de agosto de 1990 tuvieron varios objetivos, definidos sobre la base de los problemas más urgentes que enfrentaba el país. Se dio prioridad a la eliminación de la hiperinflación, la reinserción del país en el sistema financiero internacional, el restablecimiento del orden macroeconómico de manera sostenible y a solucionar la crisis de la balanza de pagos….(  ).

De otro lado, especialmente a partir de marzo de 1991, el gobierno de Fujimori implemento un agresivo proceso de reformas estructurales, orientadas a reducir la intervención del Estado y a eliminar las distorsiones en la economía. El conjunto de reformas estructurales incluyó una liberalización del comercio exterior y una reforma tributaria. En el primer caso, se pasó de una estructura compleja con promedios altos y amplias dispersiones a otra más simple y con mínimas excepciones. En el caso tributario, se apuntó a simplificar y modernizar el sistema y mejorar la administración de los tributos. Otras reformas apuntaron a flexibilizar mercados iniciándose un proceso de la liberalización del mercado de trabajo; liberalizándose y desregulándose el sistema financiero y la cuenta de capitales de la balanza de pagos. Estas reformas se encontraban principalmente orientadas a crear mejores condiciones para la inversión privada, así como al fomento de la competitividad. Simultáneamente se inició un agresivo proceso de privatización de empresas públicas. » (2001:55 – 56)

Bibliografía

Crabtree John y Thomas Jim (Editores), El Perú de Fujimori 1990 – 1998, Centro de Investigación de la Universidad del Pacifico IEP, Lima 2000.

Wise Carol, Economía política del Perú: rechazo a la receta ortodoxa, documento de trabajo N° 15, IEP, Lima 1986.

Fernández - Baca Jorge y Astorne Carmen, Situación de la economía peruana antes del gobierno militar de 1968: un análisis institucional, Documento de discusión, Centro de investigación  de la Universidad del Pacifico, Febrero 2006.

Gonzales de Olarte Efraín y Samamé Lilian, El Péndulo peruano. Políticas económicas, gobernabilidad y subdesarrollo 1963 – 1990, Consorcio de Investigación Económica IEP, Lima 1991.

Gonzales de Olarte Efraín, Reforma del Estado y políticas de estabilización económica 1979 – 1992: El Perú, un caso especial, documento de trabajo N° 41, IEP, Lima 1992.

Jiménez Félix, Aguilar Giovanna y Kápsoli Wilfredo, el desempeño de la industria peruana 1950 – 1995: del proteccionismo a la restauración liberal.

Solorza Marcia y Cetré Moisés, Revista Republicana, N° 10, Enero - Junio 2011.

Julio Cotler (editor), Perú 1964 – 1994 Economía, Sociedad y Política, IEP, Lima 1995.

Pasco Font Alberto y Saavedra Jaime, Reformas estructurales y bienestar una mirada al Perú de los 90, Grupo de análisis para el desarrollo GRADE, Lima 2001.


Estrategia didáctica para el desarrollo de habilidades investigativas

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Jimmy Aguirre Morales

Universidad Tecnológica del Perú

Desde la segunda mitad del siglo XX, las tendencias actuales en torno a la globalización y la sociedad del conocimiento, exigen a los organismos internacionales, como la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos, plantear reformas educativas para el desarrollo del currículo, como eje transversal en el fortalecimiento de habilidades y destrezas de los principales actores, acordes con las demandas del mercado global (OCDE, 2015). Sin duda, en el marco de un mundo cambiante, dicha instancia promueve un estilo de gobernanza en todos los países para fomentar el desarrollo económico, la inclusión laboral y el estándar educativo.

Asimismo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) afirma que para enfrentar los retos actuales de la globalización, un elemento clave para el desarrollo de habilidades y actitudes son los centros de formación (OIT, 2013). Sin embargo, el desarrollo de estas habilidades comienza desde la primera infancia y los centros de formación juegan un rol primordial.

A su vez, el Banco Mundial (BM) señala que un ambiente propicio genera habilidades que serán esenciales para la vida y el trabajo (BM, 2011). La formación superior tecnológica debe contribuir con una rápida y adecuada inserción laboral que genere un mayor crecimiento personal y profesional. Sin embargo, la tarea no resulta fácil cuando encontramos una población estudiantil muy heterogénea cuyo rasgo más sobresaliente evidencia un persistente déficit en habilidades y dentro de estas las denominadas habilidades investigativas. Esta tendencia nos lleva al convencimiento que su desarrollo es fundamental en una actitud investigativa, que permita al estudiante apropiarse del método científico y a través de él, conocer la realidad y transformarla.

En el caso específico de Perú, podemos apreciar que el Ministerio de Educación como ente rector, establece el desarrollo de habilidades investigativas desde el Diseño Curricular Básico Nacional (DCBN). Bajo esta perspectiva, vinculan la educación con el empleo adecuado y permanente, lo que constituye un enorme desafío. (MINEDU, 2015). En tal sentido, se establece una agenda consensuada, con los organismos internacionales para priorizar la productividad y el desempeño. En oposición a dicho argumento supranacional, Morin (1999) plantea un currículo complejo, es decir transdisciplinario, reflexivo, centrado en el ser humano y que sabe convivir.

Nuestra normativa, enmarcada dentro de las políticas imperantes a escala global, pone énfasis en una formación estrictamente económica. De ese modo, desatiende el lado axiológico, humano y colaborativo, tan importante para construir una sociedad que consagre la equidad y justicia en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el 2030.

Cabe agregar que el colombiano Tobón (2008) también se inscribe en la dirección de convertir nuestros espacios educativos en lugares que alienten la formación integral. Dicha tarea socioformativa, obliga a tener que pensar como aterrizar el currículo en la práctica pedagógica para convertirnos en agentes de cambio, donde el currículo integral deba contribuir en la formación académica para que sirva de contrapeso a la formación humanista, y así ambas formaciones no caminen por cuerdas separadas, sino en un entramado cognitivo, locomotriz y aptitudinal. Sin duda, el colombiano se encuadra dentro del planteamiento de la complejidad, oponiendose a los modelos estandarizados y excluyentes. Después de estas líneas, confiamos en abrir el debate, que desde hace tiempo, muchos reclaman.

Habilidades y estrategias: dos caminos, un solo final.

Desde el siglo XX, la psicología desarrolló teorías para entender cómo se aprende. Algunas de dichas teorías daban cuenta de una relación estímulo-respuesta, denominadas conductistas y otras señalaban como estímulos condicionantes al docente y al entorno, llamadas sociocognitivas. Estas últimas cobraron fuerza desde la década del setenta centrándose en las estructuras mentales.

Por otro lado, debido a la carga terminológica que emplearemos en este paper, existe confusión en algunos términos, sin que dicha tarea parezca un ejercicio inútil. En ese sentido, Monereo (2006) sostiene que ser hábil implica contar con la capacidad y dominio en la realización de una tarea.

La expresión habilidades investigativas, fue utilizada por el conductismo. El norteamericano Robert Gagné las define “como las capacidades intelectuales que son necesarias para ejecutar una tarea en forma correcta”. Gagné tiene mucho cuidado con la categoría que estamos abordando para no referirse a otra de carácter polisémico como competencias, por los matices que la distinguen. El término capacidad para ser el más apropiado para dicho autor por un criterio de pertinencia.

Asimismo, Reyes (2013) se refiere a las habilidades investigativas como un conjunto de capacidades y destrezas que reflejan el saber hacer de las personas en el planteamiento de problemas, indagar en la revisión de la literatura, hacer el análisis de la situación, establecer la búsqueda de alternativas y formular una propuesta concreta de solución. Presenta un artículo donde propone varias estrategias didácticas para desarrollar habilidades investigativas sobre la base de una plataforma virtual en estudiantes de bachillerato en México. El autor plantea un conjunto de estrategias que estimulen las habilidades instrumentales y sociales, en tres etapas: identificar las variables que condicionan al estudiante, señalar como se desarrollan habilidades y elaborar una propuesta para evaluarlas. Todo esto centrado en el contraste con la realidad,  intereses del estudiante y plena socialización.

Chirino (2002) señala “dominio de las acciones generalizadoras del método científico que potencian al individuo para la problematización, teorización y comprobación de su realidad profesional, lo que contribuye a su transformación sobre bases científicas”. (p. 92)

Por otro lado, Machado (2008, p. 164) define las habilidades investigativas como “El dominio de la acción que se despliega para solucionar tareas investigativas en el ámbito docente, laboral y propiamente investigativo con los recursos de la metodología de la ciencia”. Creemos que este autor interpreta mejor que lo queremos transmitir como fuerza motriz para la investigación.

Por su parte, Porcel, Paucar & Gutiérrez (xxxx), dan cuenta en su diccionario pedagógico respecto a la estrategia didáctica de indagación, como las actividades que comportan procedimientos, conceptos y actitudes que llevan al alumno a la reflexión y acción.

Tradicionalmente, la práctica pedagógica realiza una labor instructiva en el desarrollo de la investigación. Aún la clase magistral no ha sido sustituida, por lo tanto, gran parte de nuestra rutina no propicia un espacio de reflexión y autonomía capaz de direccionarse hacia una metacognición. En ese sentido, dicho ejercicio debe transitar por un largo camino hacia la gestión de su conocimiento propiciando un ambiente dentro y fuera del aula, consciente del desarrollo interdisciplinar de su propio aprendizaje.

Por ese lado, Rodríguez (2013) plantea desterrar los compartimentos del conocimiento, en el que nos han llevado diversas disciplinas y darle un enfoque integrador.

La estrategia ABP

De ese modo, recurriremos a la estrategia didáctica del aprendizaje basado en problemas (ABP), definiendo el concepto de estrategia como las acciones concretas para alcanzar una meta. Esta segunda categoría tiene un origen militar y a migrado al campo empresarial y educativo con bastante éxito. Los griegos le dieron un uso militar y desde el siglo XX, en los negocios se convirtió en la mejor expresión de los negocios.

Sobre nuestra propuesta, el ABP es una estrategia didáctica que busca dar solución a casos reales de manera grupal. Ha tenido mucha acogida en diversas disciplinas y cuenta con una variedad de modelos que se adaptan a diversos contextos educativos. En ese sentido, nuestra planteamiento gira en contar historias que generen problemas cognitivos y soluciones (retos) a partir de los siguientes momentos:

El primero, esta referido a la planificación de un único trabajo que será abordado en cada clase partiendo del propósito que deseo alcanzar, seguido de la problematización (formulación de pregunta), solución (elaboración de hipótesis) y búsqueda informativa: recursos y estrategias.

El propósito debe estar claro desde el principio, y responder a los documentos rectores, como el plan curricular y el silabo.

La problematización, parte del diseño de una historia que genere un conflicto en el estudiante para la búsqueda de múltiples soluciones, constituidas por un proceso de lluvia de ideas (divergencia) y encaminarse hacia la concreción como solución (convergencia) que se abre y se cierra de manera iterativa.

La segunda fase, propiamente las soluciones tentativas forman parte del trabajo autónomo del estudiante y la revisión de fuentes.

El útlimo momento, es la sustentación de argumentos a través de un producto final denominado texto argumentativo y una actividad extensiva en la plataforma virtual.

Propuesta en ABP

Presentamos el aprendizaje basado en problemas (ABP) para incitar la indagación de fuentes, seguido del método del análisis-síntesis, que permita ordenar lo caótico que resulta al inicio el acopio de información para la formulación de la hipótesis y someterlas al proceso de validación.

Mónica Sánchez, actriz y activista peruana, ha sostenido acaloradas discusiones por el contexto electoral peruano. Cuenta que tuvo que sortear diversos debates, en cafés, centro de estudios, redes y hasta en las instalaciones de grabación de la serie AFHS, por su posición en favor de la defensa del sistema democrático. En cierta ocasión una compañera de trabajo, la también actriz Karina Calmet le planteó que los mejores gobiernos que ha tenido el Perú son aquellos que han impuesto órdenes. Aquellos que cuando tuvieron el poder, supieron gobernar con mano dura; y colocó como ejemplo a Fujimori, y terminó su comentario diciendo:  “para gobernar con éxito el Perú hay que hacerlo con dictadura, de otra manera no puede ser corregida la conducta de los peruanos...” Mónica Sánchez, con dicho comentario se sentía abrumada, ya que su colega hasta ejemplos incluyó en el diálogo. pero no se quedó callada a través del twitter reafirmó su postura. Problema: Tú piensas como Mónica Sánchez o como Karina Calmet. Reflexionemos en torno a la siguiente pregunta:  ¿Cuál de los dos sistemas políticos es el más conveniente para mejorar la vida de los peruanos: El autoritarismo o la democracia? ¿Por qué?

El trabajo encargado es grupal. Concluye con un breve texto argumentativo bajo la normativa, tecnicismo y rigor que el mundo académico tiene estandarizado. El producto de la sesión de clase es la presentación de dicho texto y concluye con el foro en el aula virtual a través de una actividad de extensión.

Conclusión

La globalización ha cambiado la relación Estado y mercado, este último a través de diversos organismos internacionales delinea las políticas educativas de los países, con un claro sentido económico.

Las habilidades desarrolladas por los estudiantes corresponden a las necesidades del mercado en la búsqueda de soluciones reales.

Bajo un enfoque de la complejidad, nuestra propuesta está centrada en determinar el problema y proponer soluciones ante situaciones reales utilizando una adaptación del ABP.

El caso aborda un tema de actualidad con personajes de la farándula para conectar con los intereses de la población estudiantil.

Referencias

Chiavenato, I. & Sapiro, A. (2011). Planeación estratégica. Fundamentos y aplicaciones. México: Mc Graw Hill

MINEDU. (2015). Ley de Institutos y Escuelas de Educación Superior y de la Carrera Pública de sus Docentes . Recuperado de http://www.minedu.gob.pe/ley-de-institutos/pdf/ley-de-institutos.pdf

MINEDU. (2015). Diseño Curricular Básico Nacional de la Educación Superior Tecnológica. Recuperado de http://www.minedu.gob.pe/superiortecnologica/pdf/diseno-curricular-basico-nacional.pdf

Monereo, C.; Castelló, M.; Clariana, M.; Palma, M. & Perez, M. (2006) Estrategias de enseñanza y aprendizaje. Formación del profesorado y aplicación en la escuela. Barcelona: Graó.

Morin, E. (1999). Los 7 saberes necesarios para la educación del futuro. París:

Santillana.

Municio, P. (2010) Aprendizaje basado en problemas. En Nuevos Paradigmas educativos. Guía para docentes universitarios. Lima: Editorial San Marcos.

OCDE. (2015). Competencias más allá de la escuela: Síntesis. Recuperado de https://www.oecd.org/edu/skills-beyond-school/Skills_Beyond_School_Summary_and_Policy_Recommendations_Spanish.pdf

Porcel, T.; Paucar, I. & Gutiérrez, D. (xxx) Diccionario psicopedagógico

Rizvi. F. & Lingard, B. (2013) Políticas educativas en un mundo globalizado. Madrid: ediciones Morata

Rodriguez, M. (2013) Los métodos martinianos: una propuesta para su utilización. En Didáctica de la educación media. Una aproximación. La Habana: Editorial pueblo y educación

Tobón, S & García, J. (2008). Gestión del curriculum por competencias. Una aproximación desde el modelo sistémico complejo. A.B. Representaciones Generales : Lima

Tobón, S. (2010) Formación integral y competencias. Pensamiento complejo, currículo, didáctica y evaluación. Bogotá: Ecoe ediciones